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Breve análisis de Rock Band 4

Esta saga que nació luego de haber visto el éxito de la saga de Guitar Hero consiste en un juego similar, que sigue el concepto del ritmo, pero que se puede jugar con compañeros, formando una banda de rock auténtica, y al contar con diversos controles se tiene una experiencia realista, que puede servir para divertir muchas tardes, y que puede haceros sentir como verdaderas estrellas en acción.

El paquete del Rock Band incluye un control de guitarra, un control de batería con sus respectivas baquetas, y un micrófono que se conecta vía USB; en realidad es impresionante lo similares que son estos controles con los que se incluían en versiones anteriores lo cual es un poco decepcionante cuando se compra el paquete y se abre con emoción. Por otro lado, y para contrarrestar esta situación, los controles que se usaban en las consolas anteriores sirven perfectamente con las nuevas consolas, y por consiguiente con el videojuego; de esta manera, los instrumentos que se utilizaban en el PlayStation 3 se pueden usar en el PS4 sin problema alguno, y los controles que se usaban en la Xbox 360 pueden emplearse en la Xbox One perfectamente, sin que la experiencia pierda su esencia.

En cuanto al modo de juego del nuevo Rock Band 4, el cual cuenta con una estructura muy similar a la de las anteriores versiones. Es interesante que los vocalistas deban seguir la canción con las letras pero también alcanzando las notas que se muestran en la pantalla. Se puede jugar hasta en grupos de cuatro, usando bajo, guitarra, la batería y cantando, pero para hacer esto se necesitarían dos controles de guitarra, puesto que el bajo y la guitarra comparten el mismo control.

Una novedad son los solos en estilo libre, los cuales pueden reemplazar los solos de guitarra en algunas canciones, de una forma en la que decrece la dificultad por cuanto no sería necesario tocar todas las notas sino que se puede seguir el ritmo simplemente, lo cual, si bien es una idea un poco entretenida, termina por ser decepcionante, al quitarle la emoción que supone tener la capacidad de lograr tocar todo el solo a la perfección, con la dificultad que esto significa.